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Proyecto Boomerang
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INTRODUCCIÓN....

La plenitud se alcanza a través del Amor. La PAREJA es una sociedad de los corazones y un ámbito precioso para la Intimidad con el Otro. Con una pareja evolutiva, el desarrollo se facilita y potencia. Con una pareja con desaveniencias, todo se complica...
Intentaremos aquí aportar contenidos que sirvan para mejorar la relación de pareja, que sean útiles también para entender profundos mecanismos sicológicos: aquellos que conviene activar, y aquellos de los cuales tenemos que cuidarnos de quedar prisioneros...
"Para bailar tango hacen falta dos", dice un viejo refrán...Esto es muy cierto, y referido a que no hay errores de uno solo en la pareja...Antes bien, la pareja es como un ESPEJO que nos refleja...
Pronto contaremos con material que nos permita indagar en las relaciones de pareja, para sanearlas y ayudar y ayudarnos a vivir con plenitud...
RECIBAN CARIÑOSOS SALUDOS DESDE PROYECTO BOOMERANG

El siguiente texto lo ponemos a consideración de los lectores con la intención de aportar comprensión al delicado y exquisito tema de la pareja y el amor...
Crisis en la pareja ?
Se hace un balance sobre la propia vida, sobre lo que somos y lo que queríamos ser, se recuerda aquello a lo que se renunció para formar la pareja y en cierta manera se echa de menos aquella etapa en la que no existían ataduras, pueden surgir los reproches y descargar en la pareja el sentimiento de frustración al no conseguir las metas previstas.
Esta crisis surge también en aquellas parejas que se han dejado llevar por la rutina, la convivencia se convierte monótona y el aburrimiento empieza a formar parte de sus vidas.
Esto, junto con el deseo de recuperar una etapa perdida, puede dar lugar a la infidelidad en aquellas parejas que no tienen una relación sólida y en las que no ha existido una lucha por vencer los obstáculos que presenta la vida de pareja, tales como la rutina.
La vida de pareja es muy compleja y requiere de un gran esfuerzo y dedicación, y es precisamente en esta etapa cuando más atentos hay que estar con nuestra pareja, demostrarle amor y hacerle sentir feliz es fundamental para superar cualquier crisis.


CLAVES PARA MEJORAR LA RELACIÓN DE PAREJA

Las relaciones de pareja suelen comenzar como historias maravillosas en las que todo parece ser color de rosa, pero con el tiempo la rutina y las pequeñas dificultades diarias pueden deteriorar esa unión si no se las maneja adecuadamente.
En general cuando conocemos a alguien por quien nos sentimos atraídos ponemos en juego todo nuestro abanico de técnicas de seducción, orientando nuestros comportamientos a conquistar el corazón de la persona elegida. Si lo logramos, comienza entonces una relación de pareja en la cual durante el primer tiempo cuidamos cada detalle y revivimos mentalmente una y otra vez los momentos agradables vividos junto a esa persona. Esto potencia la relación, la nutre y aumenta nuestros deseos de compartir nuestro tiempo con la persona en cuestión.
Al principio, cuando algo nos molesta, solemos dejarlo pasar, preferimos concentrarnos en los recuerdos gratos, pero llega un momento en que la suma de pequeños problemas y desencuentros traen consigo consecuencias que en ocasiones pueden resultar nefastas.
Suele ocurrir entonces que lentamente pasamos de revivir los momentos agradables para rememorar las dificultades. Es muy útil en estos casos revisar nuestros recuerdos para rescatar intencionalmente aquellos instantes placenteros en que nuestro corazón se aceleró marcadamente sólo con un beso, o algún gesto de amor nos estremeció al punto de dejarnos atónitos. Esa es la estrategia que usan quienes viven enamorados, se concentran casi constantemente en los buenos momentos vividos junto a la persona amada.
Esta forma de proceder, si bien puede ser muy efectiva, entraña un riesgo, y es que nuevamente aparecerán las dificultades, ya que estas forman parte de la vida misma, y habrá que resolverlas de modo que no afecten a la pareja o lo hagan en el menor grado posible, para esto puede ser de gran utilidad reflexionar sobre algunos puntos.
La mayoría de los problemas de pareja pueden ser entendidos como problemas de comunicación, es frecuente creer que el otro debería saber lo que necesitamos aún sin que se lo digamos. Mientras esta creencia persista estamos condenados a la decepción, esperando algo que probablemente nunca llegará, pero no por falta de comprensión de nuestro compañero, sino porque nunca se los pedimos adecuadamente.
Hay ciertas áreas que suelen ser puntos de conflicto, por lo cual es conveniente asegurarse de que se ha llegado a un acuerdo satisfactorio para ambos en estas. Éstas son: las relaciones con la familia allegada, los intereses individuales, el dinero y la sexualidad.
Si cada uno puede expresar sus deseos y preocupaciones abierta y honestamente muchos inconvenientes podrán ser resueltos. Para esto es condición necesaria que ambas partes se escuchen y sean lo suficientemente flexibles como para aceptar el punto de vista del otro, que no tiene porqué coincidir con el propio.
ESTAMOS EN CRISIS
Una crisis de pareja no significa necesariamente el fin de una relación pero su presencia hace saltar la alarma y nos alerta de que algo no va bien. Un diálogo sincero es el mejor antídoto.

El amor es un delicado ser vivo dotado de vida propia y rumbo impredecible ante el que no se puede bajar la guardia en ningún momento. La rutina, la pérdida del respeto o una excesiva familiaridad mal entendida amenazan sus cimientos de continuo.

El paso del tiempo es el enemigo a combatir y la conquista diaria la única arma para mantener encendido su fuego sagrado. Mientras que al inicio de una relación se suele padecer una ceguera transitoria para con los defectos del ser amado, las virtudes parecen desvanecerse con los años y a veces se instala en los corazones un sesgo perceptivo que por norma coloca en primer plano las imperfecciones del otro, como si se mirara a través de una lente de aumento.

Dentro de un orden, las crisis de pareja forman parte de la relación amorosa. Se trata de momentos difíciles en los que parece tocarse fondo y sobre los que sobrevuela bajo el fantasma de la separación. El conflicto se vive como una amenaza que abre brecha en nuestra siempre frágil seguridad emocional. El desenlace dependerá de cómo sepamos afrontar esta especie de naufragio transitorio; sólo un cambio de actitud y de enfoque puede devolvernos el amor.

Ruptura o fortalecimiento
Si una pareja logra remontar este bache, la relación se ve fortalecida y ambos miembros experimentan un crecimiento personal y afectivo. Pero si fracasa en el empeño, la ruptura puede convertirse en la única salida hacia delante. Determinados estados emocionales como la depresión y la ansiedad pueden afectar seriamente una relación y la solución tiene que pasar, en primer lugar, por la curación del miembro que las padece.

A la hora de salvar la situación la capacidad comunicativa y de autocontrol emocional son piezas claves. "La comunicación entre los cónyuges es una nota esencial del matrimonio sin cuya continua presencia es muy difícil que éste no zozobre, encallando definitivamente. Es un hecho sociológicamente comprobado que la queja más frecuente de las esposas es precisamente la falta de comunicación con sus maridos, la incomunicación que existe entre ellos".

En efecto, los problemas de comunicación son una de las dificultades más graves y habituales que manifiestan las parejas en conflicto y la principal causa que motiva en los matrimonios la necesidad de acudir a un terapeuta familiar. La capacidad de diálogo sincero es un rasgo distintivo de madurez personal. Aunque los expertos aseguran que la mujer tiene mayor habilidad para expresar sus emociones, la transparencia debe caracterizar una comunicación entre iguales, donde no existan dominadores ni dominados, vencedores ni vencidos... Sólo así, puede salvarse el amor, una conducta motivada por la que amante y amado tienden a la fusión.

REGLAS DE ORO PARA LA CONVIVENCIA
Todo el mundo sabe que la convivencia diaria es muy dura y puede dar al traste con una relación, si no sabe llevarse adecuadamente. He aquí algunas reglas fundamentales para que la relación llegue a buen puerto:

Respeto mutuo. La pérdida de respeto lleva inevitablemente al fin de la relación.

Mantener la amistad. Especialmente teniendo en mente lo que le gusta al otro y tratando de complacerle.

Afrontar las dificultades, y hacerlo de forma conjunta. Cuando surjan problemas, es mejor plantarles cara de forma conjunta que tratar de obviarlos o huir de ellos.

De igual a igual. Tratar al otro como un igual y ceder cuando tenga razón también es fundamental.

Crítica constructiva. Cuando algo resulta molesto, hay que decirlo, pero sin arremeter contra el otro, hay formas y formas de decir las cosas.

Aceptar al otro como es. No servirá de nada intentar hacerle cambiar.

Hacer planes conjuntos. No contentarse con resolver el día a día. Ponerse metas conjuntas ayuda a reforzar la sensación de unión.

APRENDER A DISCUTIR
Lo mejor que puede hacer alguien para mejorar la salud de su relación es aprender a discutir. La evasión del conflicto es el principal profeta del divorcio. No batallar, dejar pasar los problemas y evitar los conflictos es lo peor que se puede hacer. Al final, las tensiones terminan por librarse. Las parejas tienen que aprender a discutir sus diferencias sin que afecten a su relación.

No hay que olvidar que el desacuerdo forma parte de una buena relación. La mayoría de las parejas discute por las mismas cosas: dinero, las tareas del hogar, el tiempo, el sexo, las prioridades y los niños. Algunas diferencias son irreconciliables. No haga de ellas el centro de su relación. Una pareja que intenta reparar el daño de una discusión tiene más posibilidades de seguir



REGLAS DE LA CONVIVENCIA EN PAREJA
No existe una varita mágica para lograr el amor eterno pero si hay algunas reglas de convivencia básicas que, según los asesores matrimoniales, pueden ayudar a conseguirlo:

1. Aceptar que las crisis existen y pueden ser un momento para reflexionar y retomar cosas pendientes.

2. Aprender a utilizar la palabra y el silencio de forma oportuna, en el momento justo. La pareja no se merece ver siempre malas caras.

3. Hay que ser realista. El príncipe azul sólo existe en los cuentos infantiles.

4. No hay que mantener una actitud pasiva a la espera de que la pareja adivine los deseos y sentimientos del otro.

5. La sexualidad se enriquece en la convivencia. Hay que ser creativo y no caer en la monotonía. Sorprender y estimular.

LA TERAPIA DE PAREJA
La terapia de pareja ayuda casi siempre a solucionar las situaciones de crisis provocadas por el inevitable roce y las circunstancias externas que dificultan la convivencia. Su efectividad depende en buena medida de que exista verdadera voluntad de resolución por parte de los dos miembros de la pareja, y sus métodos se basan en cuatro técnicas básicas:

- Observar lo bueno. La rutina y el paso del tiempo hacen que los pequeños detalles que se tienen con el otro se conviertan en algo normal, a lo que no se da valor o no se presta atención. Es importante reconocer las cosas buenas que ofrece el otro y darle a cada una su justo valor.

- Reforzar lo positivo. Una vez reconocido lo anterior, el siguiente paso es expresar qué se valora en el momento en que ocurre, reforzar los estímulos positivos y dejar de lado los negativos.

- Comunicarse o morir. En una pareja, como en cualquier relación humana, la comunicación es fundamental. Callarse sólo conduce al resentimiento y a empeorar el problema.

- Marcarse objetivos comunes. Aislarse en si mismo y llevar una vida totalmente separada de la del otro no es lo que se puede llamar una "pareja". Conviene marcarse objetivos comunes, hacer planes, para reforzar el sentimiento de unión con el otro.

TERAPIA DE PAREJA: CÓMO EVITAR EL NAUFRAGIO
La convivencia diaria puede llegar a erosionar mucho la vida en pareja y, unida a otros factores, pueden echar a perder hasta la mejor de las relaciones. Sin embargo, con voluntad por las dos partes y un poco de ayuda externa, no hay nada que no pueda resolverse.

Cualquier pareja, por imposible que parezca, es susceptible de pasar por un momento de crisis. Lo que empieza como una relación fluida puede verse interferido por factores como el cansancio, el estrés, los problemas laborales, familiares o económicos… Casi sin darse cuenta, la convivencia se torna en una sucesión de respuestas destempladas, silencios tensos y despechos continuos.

Muchas veces, además, la crisis sobreviene sin que ninguna de las dos partes tenga ningún deseo de que suceda, ni mucho menos de romper la pareja. Cuando esto ocurre, tal vez sea el momento de buscar un poco de ayuda externa para recuperar la armonía perdida.

En el momento en que surgen los desencuentros, la estabilidad mental y emocional empieza a tambalearse. Es muy fácil dejarse llevar por el enfado, el rencor, el despecho y los sentimientos de traición. Guiados por todos ellos, aún resulta más fácil echar la culpa de todo al otro, asumir un papel de víctima y poner distancias y barreras a la comunicación.

Voluntad, el punto clave
En el trasfondo de estos comportamientos suele encontrarse la dificultad para asumir la verdad, especialmente la parte propia de responsabilidad, además de los miedos y las emociones más íntimas que a veces cuesta tanto exteriorizar.

Sin embargo, también es cierto que "dos no discuten si uno no quiere", y mucho menos, rompen una relación. Cuando las cosas se ponen feas, un psicólogo puede brindar las claves necesarias para reencaminar la situación y devolver las aguas a su cauce. Solo hay un elemento indispensable, y es la voluntad de los dos para resolver la situación.

¿Cosa de dos?
Las crisis de pareja son la tercera causa de visita al psicólogo en España, por detrás de la ansiedad y la depresión. El número de consultas de este tipo ha aumentado espectacularmente en los últimos años, probablemente porque cada vez hay más parejas que no se resignan a acabar su relación.

Suele ser la mujer la que da siempre el primer paso y se acerca a la consulta sola, aunque después de explicar las ventajas de la terapia, son raros los casos en los que el hombre decide no acompañarla.

En todo caso, la terapia de pareja puede funcionar aun cuando sea uno solo quien acuda a la consulta, ya que se le puede enseñar a cambiar su actitud y manejar los puntos clave para que la relación recupere su rumbo.



TRES ETAPAS CRÍTICAS
Los psicólogos han identificado tres momentos clave en los que pueden surgir las crisis de pareja y que, por lo tanto, merecen especial atención.

La barrera de los 7 años. Entre los 7 y 10 años de vida en común puede aparecer una crisis que los psicólogos conocen como "de habituación". Las cosas pierden valor a medida que se nos hacen habituales, y lo mismo sucede con los comportamientos: a fuerza de repetirlos, pierden valor y dejan de resultar interesantes o atractivos. Esto puede traducirse en la pareja en forma de fallos de comunicación, apatía, desapego, etc.

La llegada del primer hijo. La irrupción de un bebé en la casa trastoca completamente el ritmo de vida. La mujer suele volcarse mucho más en él, y está menos disponible para el hombre, por lo que los conflictos pueden surgir con facilidad.

La marcha de los hijos del hogar, y otras circunstancias que supongan una crisis personal (jubilación, etc.) provocan situaciones de gran tensión, especialmente si ya ha habido precedentes. En estos momentos de crisis personal es cuando mayor importancia cobra la ayuda psicológica.

En estos momentos críticos, una buena terapia de pareja será aquella que impulse la comunicación entre los dos, observando y reforzando los aspectos positivos de la relación, y relativizando los negativos. En todo caso, conviene acudir cuanto antes a quien pueda ofrecer ayuda, ya que estas situaciones tienden a "enquistarse" y volverse cada vez peores a medida que avanzan.





Terapia de pareja
• ¿Cuándo debe tenerse en consideración?
El uso del término “terapia de pareja” (en lugar del más tradicional “terapia marital”) tiene su razón de ser en el hecho de que muchas de las relaciones entre los individuos no tiene lugar en el marco de un matrimonio legalmente entendido. En todo caso, la terapia de pareja está dirigida a personas que mantienen una relación de larga duración y que presentan dificultades de convivencia. Que la pareja, sea o no matrimonio, o involucre a personas de mismo o distinto sexo no es determinante.
Muchas diferencias o incidentes domésticos leves, aunque sean repetidos, no indican la necesidad de una terapia profesional de pareja. La pareja tiene muchos recursos para resolver conflictos de rutina que deben movilizarse con anterioridad. Los problemas de comunicación serios e insolubles que aún no han deteriorado de manera irreversible la relación de pareja y el deseo de seguir juntos, son la principal indicación de terapia de pareja.
Algunos problemas habituales de la pareja nacen a partir de las expectativas irreales que las personas tienen acerca de lo que debiera ser el matrimonio. Muchas de las diferencias iniciales que suelen existir entre los miembros de una pareja suelen desaparecer por sana adaptación de uno a otro miembro, pero no siempre es así y, en ocasiones, tal adaptación no se produce o se produce en falso. Las formas habituales de reaccionar ante estas vivencias son:
• Soportar en silencio las diferencias a medida que la relación empeora, sin hacer nada al respecto.
• Aceptar que, aunque no hay ningún problema crítico, es necesario cambiar algo para mantener la vitalidad de la pareja.
• Romper la relación y tratar de encontrar una nueva.
Si en una relación estable las cosas no van bien, puede preguntarse uno a sí mismo: ¿hay un problema reciente que ha alterado la relación las últimas semanas? ¿se ha intentado resolverlo razonablemente?. Es bueno recordar que la mayoría de las parejas sanas atraviesan períodos de conflicto benigno que pueden durar, incluso, meses. Por otro lado, si los problemas afectan a cuestiones fundamentales de la relación y no parecen tener solución natural a corto o medio plazo, es razonable acudir en busca de ayuda, aunque el problema sea reciente.
• ¿Cuándo y cómo empezar?
Cuando cada miembro ha hecho un esfuerzo para acercarse al otro y ha fracasado, ambos siguen peleando durante la mayor parte de su trato, ninguno es feliz, y la pareja ha resuelto que no puede resolver sus problemas por sí misma. El paso siguiente es ¿cómo encontrar un terapeuta de pareja?
• Cómo encontrar un terapeuta de pareja
El terapeuta de pareja requiere formación adecuada, una buena dosis de experiencia y talento especial. Para conseguir referencias al respecto puede preguntar a una pareja que haya hecho terapia con buenos resultados (esta tarea puede resultar difícil, ya que algunas parejas prefieren ocultar que han necesitado ayuda). Otra manera de afrontar el problema es visitar más de un profesional y seleccionar uno en función de la experiencia obtenida. Lo primero a tener en cuenta es que el profesional esté titulado en Psiquiatría o en Psicología (excepcionalmente otros profesionales hacen también de consejeros matrimoniales) y que se dedique regularmente a tratar parejas. Más complejo es averiguar si el terapeuta posee las características óptimas para dirigir una terapia de pareja concreta porque cada pareja está rodeada de una serie de circunstancias que la hacen única. Es un buen indicador al respecto que los dos integrantes de la pareja se sientan cómodos con el terapeuta y consideren provechosos sus comentarios por separado. El terapeuta nunca “tomará partido” por alguno de los dos miembros porque los problemas que trata son de la pareja más que de un miembro en particular. Aunque las razones que impulsen a una persona a no sentirse a gusto con el terapeuta no tengan ninguna lógica aparente, pueden constituir razón suficiente para buscar otro especialista.
• ¿Qué esperar de la primera sesión?
Los terapeutas pueden abordar este primer contacto de manera muy distintas. La mayoría prefieren ver a la pareja conjuntamente y, después, a cada uno por separado. Al final de la primera sesión el terapeuta debe poder realizar un resumen de los problemas principales que considera existen en la pareja. Obviamente no se puede esperar que el terapeuta vislumbre en este primer contacto todo aquello que no funciona bien en la pareja y los pasos necesarios para enmendarlo.
• Terapia de pareja: cómo funciona
Las terapias de pareja suelen centrase en problemas prácticos y objetivos de la relación. centrándose en criterios prácticos. Con frecuencia, una decisión inicial que ha de tomarse entre el profesional y los miembros de la pareja es si merece la pena, o no, salvar la relación. Por parte del profesional se espera que sea capaz de determinar si existe una oportunidad razonable de que la relación sea restaurada de manera satisfactoria, pero la decisión final al respecto es responsabilidad de los miembros. En determinadas situaciones, resultará bastante evidente que una relación ha tocado fondo. La terapia de pareja no tiene como objetivo en estos casos mantener a cualquier precio la relación; de hecho, en algunos casos, puede llegar a mostrar a los cónyuges que su unión es inviable y que disolverla es lo menos lesivo para ambos. En estos casos la pareja podría continuar trabajando con el terapeuta para solucionar las dificultades de separarse y obtener el divorcio. A este último proceso se ha denominado terapia de divorcio.
La terapia de pareja aborda la reestructuración de la interacción de la pareja. El denominado consejo matrimonial se considera una intervención de alcance más limitado, que aborda un conflicto familiar particular y habitualmente único, y se orienta hacia una tarea específica, como, por ejemplo, la educación de los niños.
• Tres tipos de terapia de pareja
Existen muchos modelos de terapia de pareja. Una clasificación sencilla admite tres tipos (que en la práctica pueden combinarse entre ellos):
• El método conductista aborda a la pareja con la intención de solucionar problemas cambiando la “manera de hacer las cosas”; por ejemplo: programa el tiempo que pasan juntos, asigna responsabilidades, modifica los patrones sexuales, etc. El terapeuta escucha atentamente todo lo que la pareja dice que hace y propone introducir cambios de carácter práctico. A menudo, el terapeuta introduce gradualmente estos cambios a modo de “tareas” que hay que realizar entre una sesión y otra.
• El enfoque cognitivo se inicia con el análisis de los pensamientos, actitudes y expectativas que cada miembro de la pareja tiene del otro (y que este último puede desconocer o incumplir). El terapeuta intenta reajustar estos pensamientos y expectativas de modo realista para que ambos miembros puedan sentirse más cómodos.
El enfoque psicodinamico tiene sus fuentes en el psicoanálisis y habitualmente trabaja con las características de la personalidad de los miembros de una pareja. En los primeros momentos de la relación entre ellos, el enamoramiento oscurece estos aspectos inconscientes y oculta las diferencias y tensiones al respecto entre los miembros de la pareja. Con el tiempo, estas diferencias emergen y causan problemas en la relación. La labor del terapeuta aquí es sacar a la luz y resolver ciertos aspectos profundamente arraigados del carácter y la personalidad de cada miembro que se habrían formado en la infancia y consolidado a lo largo de la vida y que ahora entran en colisión.

10 claves para conseguir que la pareja funcione

1. Comunicación: el ingrediente estrella
Aunque lo hayas oído mil veces, no deja de ser cierto. Es imposible que una pareja funcione o ambos miembros se sientan felices con la relación si no existe una buena comunicación entre ellos.
Pero comunicarse no se refiere a hablar mucho, sino a poder expresarle a nuestra pareja nuestros sentimientos, inquietudes, proyectos..., y obtener un “feedback” por su parte. Si existe una buena comunicación es fácil resolver los problemas que van surgiendo.
2. Escuchar: la otra cara de la moneda
Es tan importante como ser capaces de hablar y comunicarnos. Si tú hablas sin parar pero cuando él quiere contarte algo suyo (¡aunque sea sobre fútbol!) enseguida cambias de tema, estás fallando en un punto muy importante. Y no se trata de mantenerse callado y oír lo que el otro dice, sino de escucharle y tratar de entenderle.
Tu pareja debe saber que puede contarte cualquier cosa porque tú le vas a prestar toda tu atención. Saber escucharos os ayudará a comunicaros mejor, a crear lazos especiales de complicidad entre vosotros y a saber qué quiere, qué necesita o qué preocupa al otro.

3. Ser comprensivos: ponerse en su lugar
Antes de juzgar una situación, por muy grave o absurda que te parezca, intenta ponerte en su lugar, tratar de averiguar qué siente, cómo piensa, por que se ha comportado así. Nadie tiene nunca la razón absoluta y siempre hay muchas versiones para la misma historia.
Tu pareja no puede ni debe comportarse igual que tú; enfadarte por todo lo que hace sin tratar de entenderle o intentar cambiarle es un error. Aunque debéis tener cierta afinidad, no tenéis por qué pensar igual. Entender esto os ayudará a ser mucho más comprensivos el uno con el otro, más tolerantes y justos.

4. Tolerancia: libertad bien entendida
Debes ser tolerante con tu pareja siempre que su comportamiento o actitud sea honesta o no te haga daño física o emocionalmente. Este es uno de los puntos más difíciles de llevar a cabo, ya que normalmente, aunque la queramos para nosotros, nos cuesta mucho darle libertad a nuestra pareja. Cada miembro de la pareja tiene derecho a sus momentos de independencia e intimidad, a desarrollar sus proyectos, aficiones o ilusiones sin sentirse coartado por el otro.
Aunque te parezca lo contrario, controlar a tu pareja, querer estar siempre con ella o prohibirle hacer ciertas cosas simplemente por inseguridad, es lo que más puede alejarte de ella. Una pareja no supone un contrato de esclavitud sino de colaboración. La postura más generosa y beneficiosa para la relación es apoyar a la pareja de un modo constructivo en su desarrollo individual.
5. Desarrollo personal, no fusional
Es muy importante entender que aunque seáis pareja seguís siendo personas independientes, con una personalidad y una vida propias. Debéis madurar y desarrollaros de forma individual para que exista un equilibrio en la pareja; ninguno debe vivir a la sombra del otro o ser totalmente dependiente de él. Por supuesto, este desarrollo debe ser paralelo a vuestro desarrollo y madurez como pareja.
Para conseguirlo es fundamental que tengáis unos objetivos comunes en la vida: casa, trabajo, hijos, viajes, vida en pareja, etc. Además, es importante que sintáis que existe entre vosotros un tipo de unión que va más allá de lo material, una conexión espiritual, una forma común de sentir la vida y la relación. Al principio el enamoramiento y la pasión proporcionan esta unión especial; después hace falta algo más.
Esto os permitirá que no haya un desequilibrio entre vuestros intereses individuales y en común.

6. Tener vida social
Aunque al principio sólo os apetezca estar juntos y solos, es fundamental que tengáis vida social. Pero no solo de forma individual sino como pareja. Esto significa que tengáis amistades comunes con las que podáis hacer planes. Esto también puede hacerse extensivo a la familia.
Salir y divertiros juntos os hará sentir bien y le dará una pizca de emoción a vuestra vida de pareja. La vida social también se refiere, por supuesto, a la que además tengáis cada uno por vuestra cuenta.
Es importante que ambos podáis seguir disfrutando de vuestros propios amigos solos, por supuesto, de una forma honesta y sana. Para ello es fundamental tener confianza en la pareja, el siguiente punto de la lista.
7. Confianza: evita el desamor
Una relación sin confianza mutua no va a ninguna parte. No una confianza ciega sino racional. Si no tenemos motivos reales o probados para desconfiar, agobiar a nuestra pareja con nuestros miedos o inseguridades la apartará de nosotros. La falta de confianza enrarece las relaciones y hace difícil la convivencia.
El que es objeto de sospecha o acoso suele acabar desenamorándose porque la actitud de su pareja le impide disfrutar de las cosas más simples; para no crear situaciones incómodas acaba renunciando a muchas cosas. Pero la persona que desconfía también sufre mucho y puede pasar fácilmente del amor a la obsesión. La solución a este problema pasa por la comunicación.

8. Afecto: después de la pasión
Es imprescindible para que una relación sobreviva. Las carencias afectivas suelen terminar con muchas parejas. El afecto es la demostración del amor, fundamental una vez que el enamoramiento y la pasión empiezan a decaer.
Es muy importante tener siempre una actitud cariñosa hacia nuestra pareja y hacerle demostraciones de cariño pese a que llevéis mucho tiempo juntos. No sentirse queridas es una de las principales quejas de las mujeres.
El cariño es algo que debe cuidarse cada día, ya que es lo que más fácilmente se pierde con el tiempo y la rutina. Conoces tanto a tu pareja que no crees que necesite tu mimos y caricias. Si no recibimos cariño debemos hacérselo saber a nuestra pareja para ver si se trata de una cuestión de descuido o existe una causa más profunda.
9. Sexo: la sal de la relación
Que el sexo funcione es un gran punto a favor para que una relación dure, pero tampoco debe serlo todo. Si sólo quedáis para practicar sexo es difícil que vuestra relación llegue a algo más.
Es importante que ambos disfrutéis con las relaciones sexuales y toméis la iniciativa a la hora de mantener relaciones. El sexo, como el cariño, también hay que cuidarlo, no volverse cómodos con el paso del tiempo.
El cansancio, el estrés, los niños y las preocupaciones hacen estragos en la vida sexual de muchas parejas. Cuando el deseo está inhibido hay que buscarlo y propiciarlo, mantener una vida sexual activa es un trabajo y una cuestión de los dos.

10. Amor: saber dar y recibir
A amar también se aprende. De hecho, es un acto maduro y puede ser muy consciente. En casi todas las parejas suele haber uno que desempeña el rol de amante y otro el de amado. Es muy cómodo dejarse querer, pero no siempre es la postura que más felices nos hace dentro de una relación.
Tan importante es que nuestra pareja nos diga que nos quiere, como poder decirlo nosotros. Hay personas que tiene una enorme capacidad para amar y entregarse y otras a las que les cuesta tanto que llegan a fracasar en sus relaciones aún queriendo a la otra persona.

Qué hacer ante un conflicto

Las parejas en conflicto se diferencian de las normales, no en la cantidad de problemas, sino en las habilidades para resolverlos. A la hora de enfrentarnos a un problema podemos seguir los siguientes pasos:
Comunicar el problema al otro, pedir ayuda, explicar el problema a mi pareja y hacerle ver que no sabemos resolverlo por nosotros mismos. Decidir en este momento si es un problema que nos compete a los dos o a uno solo de nosotros.
Especificar bien el problema, intentar aislarlo del resto de componentes que nos pueden llevar a error.
Elegir el momento adecuado, evitar plantear un problema cuando el otro está cansado, enfermo, cuando hay otras personas delante o cuando no tenemos tiempo suficiente para poder terminar la resolución.
Usar habilidades para favorecer la resolución como pueden ser: Mantener una postura activa, dando soluciones posibles sin descartar nada de antemano. No dejar pasar el problema , ni convivir eternamente con él. Tener paciencia y aceptar que todos tenemos problemas y que nos puede llevar algún tiempo dar con la solución más beneficiosa para nosotros. Aprender a escuchar al otro. No siempre tenemos la verdad absoluta, a veces, una opinión neutral puede ayudar, de algún amigo o compañero. Recuerda que los familiares no son neutrales y tenderán a ponerse siempre de su lado de la balanza. Ver a mi pareja como a un aliado y no como a un enemigo más al que tengo que combatir.

  • Contacto: pboomerang@mail.com.do tel.: (+1) 809 8292531 / (+1) 809 3421833
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